Hemos estado encerrados aún, pero no del todo, ya que nos dio por salir al bosque, también al centro de la ciudad mientras que las vacaciones prometidas llegan.
Mi mamá prefiere que vayamos en diciembre a firmar unos papeles que ella necesita.
En fin, pasear por la ciudad sigue siendo maravilloso, encontramos tantas y tantas cosas que ver.
Aire limpio que respirar en el bosque Colomos.
Es un lugar muy grande y hermoso, lleno de vida, con ardillas que se acercan a ver qué les da de comer la gente que pasa.
Los árboles nos llenan de tranquilidad, el silencio de la ciudad, caminar kilómetros y kilómetros de sonidos tranquilos como el canto de las aves, es relajante.
Los caminos, algunos con más gente que otros, son de terracería, otros pavimentados para poder caminar por largo rato, también para que la gente no se salga del camino y pierda.
Es encantador ver parejas entrar con canastas de pícnic, tomados del brazo, fotografiandose juntos por todos lados.
Pero los caminos más largos no son para todos.
Algunas personas prefieren no adentrarse demasiado, ya que, como al nadar en el mar, hay que recordar que el camino de ida es solo la mitad.
Nosotros caminamos unos 9 kilómetros. Fanny ya estaba muy cansada.
Pero la idea de estar en la naturaleza es precisamente salir y perdernos en ella. Observamos una familia de patos con pequeños patitos, Fanny olvidó su cansancio, estaba muy emocionada.
Hay un hermoso jardín japonés, pero en esta ocasión no me dejaron tomar fotografías allí. Como novedad, los niños pasearon a caballo.

A esta Garza, se le iban los ojos con los tentadores peces que se acercaban, tan concentrada estaba, que me acerqué sin ninguna preocupación que fuera a asustarse y volar.
Eso si, los peces eran muy grandes y terminó por desanimarse, al menos en el momento que estuvimos observándola.
La vida se abre paso en cualquier zona, hasta entre piedras.
Las ardillas son el espectáculo que más le gusta a los niños. Siempre están felices de verlas, les ayuda a conocer la naturaleza y respetarla, nadie corre en estos espacios para no asustarlas. No se puede andar en bicicleta ni mucho menos en vehículos a motor, nada de patines ni patinetas.
El verde enervante me hace tan feliz que hasta puedo decir que no quería irme.
Fue un gran día. Chris montó a caballo al que yo tenía que llevar la rienda caminando al frente, el caballo tenía hambre, además, no tenía deseo de pasear a nadie ese día o notó que yo no iba a ser nada agresiva.
Se detuvo en el camino a saborear unas ramas largas de pasto, yo le daba suaves tirones a la rienda.
- Camina, camina por favor.
Le decía al caballo, mientras él me ignoraba por completo.
Cuando estuve cerca de su cabeza, el caballo solo volteó a un lado para hacerme desistir de seguir caminando, me aventó suavemente y me fui a trompicones hacia atrás sin poder detener ni afianzar de nada. Si no fuera por la hierba, que era muy alta, me hubiera caído de espalda.
Un hombre pasó a un lado y me dijo con mucha seguridad:
-" ¡jale al caballo sin dudar! este es muy ladino y el quiere comer todo el tiempo".
Jaló con fuerza y el caballo comenzó a caminar tranquilo, era como si yo le hubiera hablado en un idioma desconocido o como si mis tirones no fueran suficientemente autoritarios 😆
Seguimos la caminata hasta el final.
Fany paseó en pony, Max y ella se fueron adelante.
A ambos les encantó el paseo.
3 comentarios:
Gracias por mostrarnos ese hermoso lugar lleno de vida. Imaginaba un México totalmente árido.
Besos
Norma, un honor mostrarte México, encuentras de todo en mi país. Saludos.
Que bonito paseo, ese parque se ve muy bonito. Yo visitare Mexico en Diciembre, despues de dos años por fin podre abrazar a mis papas.
Besos
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